Sorpresas de ‘Street Art’ en Nueva York, Berlín y Madrid.

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Cuando en el madrileño barrio de Campamento aparecieron, a mediados de los años ochenta, pintadas en las paredes con firmas terminadas en flecha y el símbolo de marca registrada, la policía pensó que se trataba de una red organizada de narcotráfico. Todo parecía indicar que las rúbricas advertían a otras bandas de que las calles señaladas pertenecían a una especie de feudo criminal. Meses después, la policía descubrió que esas pintadas las hacían unos chavales cuyo cabecilla era un tal Muelle que emulaba de una forma muy personal esa tendencia neoyorkina llamada graffiti.

Tras el estupor del descubrimiento, las autoridades madrileñas no tardaron en considerar vandalismo las pintadas y, en consecuencia, a detener y multar a los grafiteros que las hacían. Una medida coercitiva que, al igual que en el resto del mundo, no logró que nadie dejase de pintar en las paredes de sus ciudades.

Juan Carlos Argüello, Muelle, fue el pionero en España en descubrir la principal base sobre la que se sustenta el graffiti y, posteriormente, el arte urbano: la sorpresa. Este elemento emocional ha sido el que ha popularizado a los artistas más conocidos por el gran público, como BanksyObey o Blek Le Rat. Estos cotizadísimos creadores han sido fundamentales para dar una vuelta de tuerca a esta disciplina callejera y situarla en el mapa artístico. Todo sea dicho de paso, con muchos reparos por parte de los canales más tradicionales del arte. Quizás el punto de inflexión en el que el Street Art deja de ser vandalismo en Europa para ser otra cosa fue la exposición que la Tate Modern de Londres organizó en 2008 con los principales creadores de arte urbano. Os GemeosBluJR o el español Sixe expusieron dentro de las salas del, probablemente, museo más importante de arte moderno. De la misma forma, los entonces residentes en España Nuria MoraEltonoSpok3TTMan o Nano 4814 fueron invitados a The Street Art Walking Tour, un recorrido por las calles adyacentes al museo londinense y que completaba esa muestra, la más importante sobre arte urbano hasta la fecha.

Parte de la obra de los artistas que participaron en la Tate puede contemplarse hoy día al pasear por los barrios madrileños de Lavapiés, La Latina o Malasaña. En especial a Nuria Mora y Eltono, a los que se suman piezas de los mejores artistas nacionales e internacionales que han utilizado nuestras calles como soporte artístico.

Es conocido que Madrid no es una ciudad fácil para el artista que quiere utilizar sus calles. El Ayuntamiento multa con saña el arte urbano, al que sigue considerando vandalismo. No obstante, se pueden encontrar piezas que muestran cómo la técnica y la pericia del graffiti ha dado paso a obras, aunque ilegales, con una manufactura y un mensaje más elaborado. Es el caso de las geometrías de E1000ink, las ausencias de Suso33, los hombres y mujeres de Borondo o los cotizados rostros de C215.

En el arte urbano legal de Madrid, ha sido también fundamental el papel de Esta es una Plaza, El Campo de Cebada o La Tabacalera, tres de los centros alternativos de cultura en la capital, donde se alternan en sus muros los autores nuevos junto a los ya consagrados. Es el caso de Rallito-XRoa o Ze Carrión. Artistas que, además de la sorpresa implícita que existe en esta disciplina, hacen hincapié en la crítica política, moral y social que nos ha tocado vivir.

Si una ciudad tiene fama en el arte urbano, esta es Nueva York, donde, paradójicamente, es muy arriesgado llevarlo a cabo de forma ilegal. Pintar sin autorización está considerado un delito federal y como tal es tratado, incluida la condena de cárcel si eres norteamericano o la expulsión del país si estás de visita o eres inmigrante. Con este panorama, la forma de crear, y por lo tanto de ver, Street Art en la Gran Manzana, es acercándose a las paredes legales que existen en la ciudad. La más famosa es la de 5pointz, un almacén de 1.900 metros en Queens, donde se reúnen miles de graffitis que cambian cada poco tiempo. Meres One, artista grafitero y uno de los dueños del edificio, organiza tours guiados explicando cada una de las piezas más famosas. Para todos los interesados en visitar este espacio, es importante que se den prisa. En agosto de este año se firmó la demolición de 5pointz para construir dos nuevas torres de apartamentos.

También en Nueva York, en el barrio de Bushwick, Brooklyn, existe una inusual galería coordinada por The Bushwick Collective, que ha logrado atraer al barrio a los artistas más relevantes del panorama internacional. Se trata de una exposición legal y permanente con obras titánicas en las fachadas de los bloques industriales, fábricas y naves que se extienden a lo largo de varias manzanas del barrio. La sorpresa está asegurada, no solo por la monumentalidad y calidad de las piezas, sino también por lo extraño del lugar, donde los camiones que transportan mercancía a toda velocidad por sus calles y el ruido de las graveras se alternan con los pocos visitantes que por ahora conocen esta meca del Street Art.

Si nos fijamos en Europa, la ciudad que admite el arte urbano con más naturalidad es sin duda alguna Berlín. En la capital alemana parecen convencidos de que este tipo de expresión artística hace a la ciudad más atractiva, además de servir para rehabilitar medianeras y dar vida a las zonas más deprimidas. Es cierto que en Berlín no todo vale, la policía puede multar las pintadas en zonas privadas o protegidas, pero no menos cierto es que muchos berlineses prestan las paredes de sus casas, tiendas o empresas a los artistas para que dejen su huella. Esta situación ha servido de poderoso imán para cientos de creadores urbanos que cada año peregrinan en busca de los muros de sus calles. También es muy relevante la utilización de las decenas de construcciones abandonadas en la propia ciudad, así como en los pueblos cercanos. Ahora que la famosa casa ocupa Tachelles ha cerrado, las fábricas vacías, los bloques de edificios en ruinas o las construcciones militares de la época comunista se han convertido en improvisados y casi secretos museos de arte urbano.

Es difícil decantarse por un artista que sobresalga en Berlín. La movilidad inherente al Street Art permite encontrar en la ciudad obras de creadores de todo el planeta. Pero si hubiese que destacar alguno, o al menos los que más me gustan, sería sin duda el español Rallito-X y su impactante obra de contenido político y social; el argentino Alaniz, especialista en grandes murales con la técnica del rodillo; Vhils, que pica la pared para esculpir rostros gigantes; Crin, que pinta con spray cuerdas y nudos con vida propia, o Buff Diss, que emplea la técnica del tape art, es decir, la utilización de cinta americana para realizar sus diseños.

Mucho spray se ha empleado desde que Muelle lo utilizara en Madrid hace casi 40 años para pintar su firma. Desde entonces, los artistas han utilizado un abanico cada vez más amplio de técnicas y materiales. Lo mismo ocurre con la temática, donde han evolucionado nuevos lemas, símbolos, figuras y abstracciones al compás de la historia. Y es que no podemos olvidar que el arte urbano se reinventa de forma continua en busca de la sorpresa. Los tiempos duros favorecen la creación y hacen proliferar a los artistas que quieren mostrar su rabia. Por lo tanto, y en vista de los tiempos que se avecinan, aún nos esperan a la vuelta de cada esquina grandes piezas de arte urbano. Una disciplina que nunca deja indiferente y que provoca, además de sorpresa, más de una reflexión.

Fotos de ©Sergio Bang

Este artículo fue publicado en la revista www.elasombrario.com y en el www.diario.es el 17 de noviembre de 2013.

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